Hablar de tareas de alto riesgo te lleva necesariamente a hacer referencia al Decreto 2090 de 2003, que define dichas actividades en el contexto colombiano. Sin embargo, es importante que tengas claro que, independientemente de la existencia de un decreto que las clasifique, no es pertinente omitir otras tareas que, aunque no estén formalmente definidas como de alto riesgo, en la práctica sí lo son.
Estas tareas demandan un cuidado especial por las características que implican al momento de ejecutarse. Por eso, en el contexto nacional colombiano, además del Decreto 2090, debes considerar normas como el Decreto 1072 de 2015, que compila la reglamentación del Sistema de Gestión de la Seguridad y Salud en el Trabajo (SG-SST), y la Resolución 0312 de 2019, que establece los estándares mínimos. Todo este marco normativo sigue plenamente vigente a 2026 y suscribe indicaciones claras para promover buenas prácticas en el desarrollo de tareas de alto riesgo.
En materia de estadísticas del Sistema General de Riesgos Laborales, después del comportamiento atípico de 2020 por la emergencia sanitaria, los indicadores han retomado su dinámica habitual. Según los reportes oficiales publicados por el Ministerio del Trabajo y el Sistema de Riesgos Laborales con corte a 2024–2025, Colombia registra nuevamente más de 500.000 accidentes de trabajo anuales, con sectores como construcción, agricultura, transporte, industria manufacturera y minas y canteras entre los de mayor representación. En cuanto a mortalidad laboral, las cifras anuales continúan ubicándose por encima de 400 casos, donde actividades como trabajo en alturas, espacios confinados, energías peligrosas y maquinaria pesada siguen teniendo una incidencia significativa.
La reducción coyuntural que se observó en 2020 estuvo directamente relacionada con la emergencia sanitaria y la disminución de la actividad económica presencial. Pero la estrategia no puede ser esa. Si así fuera, entonces no volveríamos a salir, haríamos edificios, puentes y demás por Meet, Teams o Zoom, y conseguiríamos magníficos resultados en los indicadores. Claramente, esa no es la solución.
Por eso, las tareas de alto riesgo debes incorporarlas en la planificación del SG-SST, no desde la generalidad, sino desde la puntualidad de lo que demanda cada una. Aquí cobra sentido trabajar con objetivos y resultados clave, apoyándote en indicadores de desempeño (KPI – Key Performance Indicators), como se hace en los sistemas de gestión de la calidad, para alcanzar resultados medibles y sostenibles.
Las tareas de alto riesgo, por su naturaleza delicada y técnica, no pueden ser una isla dentro del sistema, ni mucho menos un desierto dominado por el egocentrismo del “que sabe”. Deben hacer parte de una dinámica que genere sinergia y convoque el trabajo en equipo, la participación y consulta de los trabajadores, la investigación, la innovación y el desarrollo.
Los Sistemas de Gestión de Seguridad y Salud en el Trabajo deben acoger las tareas de alto riesgo como parte integral del sistema. Aquí resulta pertinente recordar a Ludwig von Bertalanffy y su teoría general de sistemas abiertos: sistemas que son escalables y que tienden a la mejora continua. Bajo esta lógica, los esquemas definidos en las organizaciones —e incluso los establecidos por el Estado y los entes de control— deben involucrar la investigación y la gestión del conocimiento, sustentados en modelos prácticos que aporten al mejoramiento continuo de las tareas de alto riesgo y, por supuesto, del SG-SST.
Primero, debes olvidar la idea de que solicitar recursos a la gerencia es una tarea de alto riesgo. Luego necesitas diseñar un modelo claro: definir fuentes de información, establecer el proceso para su captura, determinar métodos y equipos de análisis, realizar pruebas piloto, crear mecanismos de distribución de resultados, medir el impacto y detectar oportunidades de mejora. Con esto lograrás que las tareas de alto riesgo sean cada vez más eficientes y aporten mejores prácticas en procedimientos, recursos y toma de conciencia, donde el trabajador ejecute por convicción y no por obligación.
Finalmente, es clave que tengas claro que las tareas de alto riesgo deben estar alineadas con la estrategia del sistema. Necesitan investigación, innovación y desarrollo, educación permanente y fortalecimiento de la cultura de prevención. Solo así podrás avanzar hacia organizaciones más seguras y sostenibles, entendiendo que estas tareas, mal gestionadas, han arrebatado la vida a millones de trabajadores en el mundo.
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