La pandemia del COVID-19 representó una crisis que afectó varios aspectos de la vida de las personas en todo el mundo y cuyos efectos aún en 2026 siguen presentes en la organización del trabajo. La mayoría de los países afectados tomaron varias medidas, como cierres de negocios, regulaciones de higiene, distanciamiento social, cierres escolares y universitarios, o seguimiento de la movilidad como medio para frenar la propagación del COVID-19. Estas medidas mostraron efectos a corto y largo plazo en la vida laboral de las personas (Buchwald, 2020), transformando dinámicas productivas, modelos de contratación y esquemas de supervisión.
La precariedad del trabajo creativo y cultural es ampliamente reconocida en la literatura académica. Sin embargo, a menudo fue invisible a los ojos de la formulación de políticas. Tan pronto como la propagación de COVID-19 comenzó a afectar a las economías locales y nacionales en todo el mundo, muchos organismos de la industria se apresuraron a investigar el impacto en las industrias creativas y culturales y los trabajadores del sector (Comunian & England, 2020). Hoy, aunque los mercados se han reactivado, tú sabes que la inestabilidad, la informalidad y la dependencia de proyectos siguen marcando a este sector.
Es probable que el shock económico y social que presentó la pandemia de COVID-19 reformara las percepciones de las personas y las organizaciones sobre el trabajo y las ocupaciones, dando lugar a cambios micro y macro en el mundo del trabajo (Kramer & Kramer, 2020). Esto tuvo un costo personal significativo. Algunos profesionales tomaron la decisión de autoaislarse cuando no estaban en el trabajo en el hospital, para evitar el riesgo para sus familias. Otros, sobre la base de la edad o condiciones médicas subyacentes, estuvieron en alto riesgo por sí mismos. La relación entre la vida laboral y personal siempre ha sido un desafío, pero desde entonces se volvió un eje central en la gestión organizacional (Graham et al., 2020).
El impacto negativo del COVID-19 obligó a las empresas a innovar y cambiar la forma en que llevaban a cabo su trabajo. Se encontraron importantes variaciones en la manera de desarrollar las actividades laborales, generando una transformación de los aspectos esenciales hacia una evolución digital, cambiando la forma de trabajar y, por ende, diversificando los riesgos en los lugares de trabajo (Savio, 2020). El teletrabajo, el trabajo híbrido y la digitalización acelerada modificaron la exposición a riesgos físicos y aumentaron la relevancia de los riesgos psicosociales y ergonómicos.
Ningún sector económico estaba preparado para afrontar la situación. Fue un periodo de incertidumbre y de condiciones adversas, junto a la inserción de nuevos estilos de trabajo donde la presencialidad pasó a un segundo plano y se priorizó el medio electrónico, las relaciones en red y los procesos desarrollados mediante esta nueva tendencia de producción (Prochazka et al., 2020). En 2026, muchos de estos cambios se han consolidado como prácticas permanentes.
Los cierres de escuelas y guarderías aumentaron las responsabilidades de cuidado de los padres que trabajan. Como resultado, muchos cambiaron sus horas de trabajo para satisfacer estas demandas. Los cambios en los tiempos laborales de madres y padres, sumados al temor producido por el brote generalizado de COVID-19, fueron considerados como otra silenciosa afección laboral que afectó las condiciones psicolaborales del colectivo (Collins et al., 2020).
El brote sin precedentes causó una recesión económica y aumentó la tasa de desempleo en varios países. En este contexto, los empleados se enfrentaron a factores de estrés sanitario y económico-social, afectando su salud mental —ansiedad, depresión, insomnio y somatización— y sus actitudes frente al trabajo, como el compromiso laboral, la satisfacción y la intención de rotación (Song et al., 2020).
Desestimar el impacto generado fue uno de los principales errores de las políticas y economías globales. Entre mayor desconocimiento se tiene de una enfermedad nueva, mayor es la proporción en la que se puede ser víctima de esta. Entender la dinámica epidemiológica permitió ajustar tratamientos, estrategias preventivas y lineamientos en Seguridad y Salud en el Trabajo.
La planificación y la logística de la lucha contra esta pandemia pudieron ser análogas a las de la guerra, pero no estábamos en un conflicto: la vida de los trabajadores no necesitaba ni debía perderse (Raymond, 2020). Entre mayor conocimiento se tuvo sobre la forma en que el virus actuaba, mejor fue la capacidad de generar soluciones terapéuticas y preventivas, integrando medidas como el lavado de manos, el distanciamiento social y el uso adecuado del tapabocas a la cotidianidad laboral.
Las cuestiones de control, vigilancia y resistencia fueron fundamentales para analizar el impacto de la tecnología en el trabajo y el empleo, convirtiéndose en elementos centrales de la experiencia laboral en la crisis (Hodder, 2020).
El gran desafío social fue la estrategia de salida del encierro por el COVID-19, generando un debate entre “salud” y “trabajo”. Las estrategias se presentaron de forma paulatina, teniendo en cuenta conceptos epidemiológicos y comportamientos estadísticos que influyeron en la toma de decisiones a nivel estatal y sectorial, con el acompañamiento de especialistas en Seguridad y Salud en el Trabajo y organismos técnicos.
Por todo lo anterior, debes fortalecer las medidas de autocuidado y prevención frente a peligros biológicos emergentes, pero también priorizar estrategias para cuidar tu salud mental. Las lecciones aprendidas del COVID-19 siguen vigentes en 2026: la gestión integral del riesgo, la adaptación organizacional y el equilibrio entre vida laboral y personal son pilares fundamentales para un trabajo seguro y sostenible.
• Buchwald, E. (2020). These gig-economy jobs can earn you extra cash during the coronavirus pandemic — without having to leave your home. MarketWatch.
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• Comunian, R., & England, L. (2020). Creative and cultural work without filters: COVID-19 and exposed precarity in the creative economy. Cultural Trends, 29(2), 112–128. https://doi.org/10.1080/09548963.2020.1770577
• Graham, M. M., Higginson, L., Brindley, P. G., & Jetly, R. (2020). Feel better, work better: The COVID-19 perspective. Canadian Journal of Cardiology.
• Hodder, A. (2020). New technology, work and employment in the era of COVID-19: Reflecting on legacies of research. New Technology, Work and Employment. https://doi.org/10.1111/ntwe.12173
• Kramer, A., & Kramer, K. Z. (2020). The potential impact of the COVID-19 pandemic on occupational status, work from home, and occupational mobility. Journal of Vocational Behavior.
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