La cultura de la implementación de sistemas de gestión en las organizaciones ha tenido un crecimiento acelerado en los últimos años, en gran parte debido a la necesidad de hacer frente a mercados locales y mundiales donde la competencia no se da solo por las características de los productos, sino también por la responsabilidad y reputación de las empresas en los temas económicos, ambientales y sociales.
Para estos ámbitos empresariales hoy existen modelos o guías de sistemas de gestión, desarrollados en su gran mayoría por la Organización Internacional de Normalización (ISO), compuesta por diversas organizaciones nacionales de estandarización. Entre las principales normas o guías de aplicación mundial se encuentran:
• Calidad: ISO 9001
• Gestión Ambiental: ISO 14001
• Seguridad y Salud en el Trabajo: ISO 45001
• Seguridad de la Información: ISO 27001
• Seguridad e Inocuidad Alimentaria: ISO 22000
• Gestión del Riesgo: ISO 31000
• Gestión de la cadena de suministro: ISO 28000
• Responsabilidad Social: ISO 26000
Adicionalmente, cada país y sus entes de regulación han generado guías para estos mismos fines, modelos que, aunque comparten elementos comunes, pueden tener estructuras diferentes.
Cuando decides implementar más de una de estas normas, puedes notar cómo sus beneficios comienzan a verse opacados por la carga administrativa y operativa que exige su mantenimiento: altos volúmenes de registros, creación de nuevos cargos, auditorías permanentes, costos de seguimiento y recertificación, aumento en reuniones y comités, entre otros. Esto hace cada vez más complejo administrar los sistemas de gestión por separado.
En Colombia el escenario es aún más exigente, ya que por ley debes contar con un Sistema de Gestión de Seguridad y Salud en el Trabajo establecido en el Decreto 1072 de 2015 del Ministerio del Trabajo (Libro II, Parte 2, Título 4, Capítulo 6). Además, debes implementar el Plan Estratégico de Seguridad Vial, reglamentado inicialmente mediante la Resolución 1565 de 2014 del Ministerio de Transporte. Ambos requisitos están estructurados bajo la lógica de los sistemas de gestión.
Frente a este panorama, la integración se convierte en una estrategia clave para la mejora continua. Integrar tus sistemas te permite simplificar y reducir procesos, documentos e instrumentos que pueden ser compartidos, disminuyendo la carga administrativa y operativa.
La integración de la información documentada facilita la unificación del control documental, evitando que circulen múltiples formatos de manera incontrolada y que tu organización pierda tiempo. También mejora la administración de la empresa, ya que facilita la integración de los procesos de producción, gestión humana, ventas y administración, permitiendo su seguimiento global en calidad, medio ambiente y Seguridad y Salud en el Trabajo.
Una buena integración facilita la asignación de funciones y responsabilidades, logrando que los trabajadores se involucren más activamente en el cumplimiento de los objetivos. Además, puedes compartir auditorías, capacitaciones, inducciones, acciones correctivas y preventivas, recursos humanos y documentación, disminuyendo costos de diseño e implementación.
Desde el punto de vista estratégico, proyectas una imagen de empresa organizada y enfocada en el cumplimiento de sus políticas, lo que mejora la satisfacción del cliente y la relación con proveedores y contratistas.
Para lograr esta integración puedes apoyarte en herramientas aplicadas a nivel mundial. Una de ellas es la Estructura de Alto Nivel – Anexo SL, desarrollada por la ISO junto con la Comisión Electrotécnica Internacional (IEC) y organismos nacionales como el Instituto Colombiano de Normas Técnicas y Certificación. Esta estructura establece un denominador común para que todas las normas compartan la misma base, promoviendo uniformidad, coherencia y términos comunes que facilitan su implementación e integración.
La Estructura de Alto Nivel no es una norma, sino una plantilla obligatoria para normas nuevas o en revisión. Por eso ISO 9001, ISO 14001 e ISO 45001 comparten capítulos como contexto de la organización, liderazgo, planificación, apoyo, operación, evaluación del desempeño y mejora.
Otra herramienta es la Norma UNE 66177, guía para la integración de los sistemas de gestión. Esta norma propone planificar el proceso bajo el esquema P.H.V.A., permitiéndote diseñar un plan específico según el contexto de tu organización, el alcance deseado y el nivel de madurez de tus sistemas.
El desarrollo del plan de integración debe comenzar identificando beneficios esperados y posibles dificultades. Luego debes analizar el contexto organizacional considerando la madurez (capacidad y experiencia), la complejidad (necesidades de clientes y partes interesadas), el alcance (qué sistemas integrarás) y el riesgo (cumplimiento legal y consecuencias del proceso).
Con esta información podrás definir el nivel de integración, que puede ir desde básico hasta total. Cada nivel implica integrar más procesos y supone mayor madurez en la gestión. Posteriormente debes elaborar el plan de integración incluyendo el plan de comunicación, responsable del proyecto, actividades con qué, quién y cuándo, recursos necesarios, impacto previsto, procesos a integrar y nueva estructura documental.
El apoyo de la alta dirección es fundamental. Debe aportar recursos, respaldar las acciones y hacer seguimiento periódico, designando un responsable con autoridad y visión global. Durante la implantación puede conformarse un equipo de integración con jefes de área y responsables de los sistemas, quienes deberán ejecutar el plan, revisar procesos y consolidar un único manual del sistema integrado.
La alta dirección debe realizar seguimiento periódico al plan de integración, especialmente en niveles medios o avanzados, para tomar correctivos oportunamente y garantizar el éxito del proceso.
Finalmente, una vez implantado el sistema integrado, debes incorporar su revisión dentro de la revisión por la dirección, conforme a los requisitos de las normas aplicables, asegurando así la mejora continua del sistema integrado de gestión.