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Los jóvenes en la zona gris de la Seguridad y Salud en el Trabajo

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En Colombia se han hecho esfuerzos importantes por proteger a los niños, niñas y adolescentes, y en efecto las estrategias para proteger a los menores de 17 años han avanzado mucho en los últimos años. Pero ¿qué diferencia a un trabajador de 16 o 17 años de uno de 18? Es necesario que abordes el tema del trabajo juvenil reflexionando sobre qué pasa con los jóvenes que cumplen su mayoría de edad y que empiezan a ser tratados como adultos, sin contar aún con la pericia, herramientas y conocimientos que, claro, se adquieren con la experiencia.

La vulnerabilidad de los jóvenes frente a los riesgos laborales

Las estadísticas siguen mostrando que los jóvenes entre 18 y 24 años son más proclives a sufrir accidentes de trabajo graves que otros adultos. Según la Organización Internacional del Trabajo, los trabajadores jóvenes pueden tener hasta un 40% más probabilidad de sufrir un accidente laboral que los trabajadores de mayor edad.

Se estima que las prácticas deficientes en materia de Seguridad y Salud en el Trabajo (SST) cuestan alrededor del 4% del PIB mundial anual, lo que equivale a casi 3 billones de dólares al año. Ese dinero debe ser cubierto por las empresas y los gobiernos, pero el costo mayor lo asumes tú como trabajador cuando tu salud se ve afectada por un trabajo no seguro.

La población ha cambiado y cada vez los jóvenes son menos, no solo en el mundo sino también en Colombia. Según el DANE, con base en el Censo Nacional de Población y Vivienda 2018 y sus proyecciones demográficas actualizadas a 2026, el país continúa envejeciendo: mientras en 1964 se registraban 1.556 jóvenes por cada 100 personas mayores, hoy esa relación se ha reducido aproximadamente a 245 por cada 100, evidenciando un cambio estructural en la composición poblacional.

En materia laboral, las cifras más recientes del DANE (2025-2026) muestran que la tasa de desempleo juvenil (15 a 28 años) se ubica alrededor del 14%, cifra que sigue siendo significativamente más alta que la tasa general del país. La tasa de ocupación juvenil ronda el 47%, y cerca de 2,2 millones de jóvenes en Colombia ni estudian ni trabajan, lo que refleja desafíos estructurales en la transición de la educación al empleo formal.

Esto nos implica como país varias reflexiones frente a las economías emergentes, los nuevos puestos de trabajo que se crean, las industrias que reaparecen y los esfuerzos por tecnificar más a la población y dotarla de herramientas suficientes para enfrentar una economía cada vez más especializada. También significa reinventarnos hacia el potencial que aún tenemos como país, especialmente en la industrialización y en el aprovechamiento sostenible de la agricultura.

La Organización Internacional del Trabajo estima que cerca del 49% de los adolescentes entre 15 y 17 años que trabajan en el mundo lo hacen en condiciones peligrosas, especialmente en la agricultura. Estos trabajos suelen estar vinculados a formas atípicas de contratación:

• Empleo temporal.
• Empleo a tiempo parcial o por pedido.
• Relación de trabajo multipartita.
• Empleo encubierto o por cuenta propia económicamente dependiente.

Entonces, los jóvenes, al contar con competencias limitadas, poca experiencia laboral y escaso poder de negociación, ven su acceso al mercado de trabajo limitado a empleos básicos y puestos poco deseables por estar mal remunerados, exigir largas jornadas y ser precarios o peligrosos. La situación se agrava porque el desempleo juvenil sigue duplicando al de los adultos en muchos territorios.

Transformaciones del trabajo y nuevos desafíos para la SST

Los rápidos cambios en las tecnologías, la intensificación de los ritmos de trabajo y las demandas de mayor productividad generan estrés físico y mental. Lo que era tolerable hace unos años, hoy ya no lo es, ni laboral ni socialmente. Y aunque todavía tengas que enfrentar empresas que anteponen el beneficio económico inmediato al principio de prevención del riesgo, cada vez la cultura preventiva, la legislación y el control estatal hacen menos rentables esas prácticas.

Este cambio en la cultura preventiva —aunque aún insuficiente— ha tenido como protagonistas a los trabajadores, organizaciones sindicales, organizaciones patronales y organismos nacionales e internacionales, todos unidos en el ideal común de mejorar las condiciones de trabajo y erradicar el accidente laboral y la enfermedad profesional derivados de la falta de medidas preventivas.

Asimismo, cada vez deberás prestar mayor atención a la detección, prevención, control y tratamiento de las enfermedades derivadas del trabajo, especialmente aquellas asociadas a riesgos psicosociales como el estrés.

Las tendencias actuales —como el teletrabajo, la transformación digital, el envejecimiento de la población activa, la diversidad intergeneracional y el crecimiento del sector servicios— configuran un nuevo marco preventivo. La robotización, la automatización, el uso masivo de datos y las nuevas tecnologías pueden incrementar riesgos emergentes que aún no están plenamente identificados ni prevenidos.

En definitiva, debes estar muy atento a lo que muchos denominan la Cuarta Revolución Industrial, que se está acercando de forma silenciosa y que en el corto plazo afectará de manera masiva nuestros sistemas productivos y laborales, generando problemáticas nuevas para las que todavía estamos construyendo respuestas.

La Organización Internacional del Trabajo ha reiterado la importancia de fortalecer la SST frente a un futuro del trabajo donde se trabajará por más tiempo y la fuerza laboral estará más envejecida, afectando capacidades físicas y cognitivas.

El reto será educar cada vez más a los jóvenes que en Colombia y en el mundo siguen estando más expuestos que los adultos a sufrir accidentes laborales o desarrollar enfermedades que pueden manifestarse años después. Aunque hoy la sociedad incite a que los jóvenes no deseen un contrato tradicional, tampoco se han consolidado mecanismos más efectivos que garanticen salario digno, seguridad social y protección integral.

Partiendo de estas reflexiones, es preciso que las sociedades, instituciones y organizaciones diseñen estrategias que les permitan repensar la SST no como una obligación o gasto, sino como un canal para mejorar la productividad, disminuir los costos asociados a los riesgos y accidentes de trabajo y elevar las condiciones de vida de la comunidad en general.

Porque cuando un trabajador joven se lesiona, no solo se afecta su salud: se pierden años de productividad y la inversión realizada en su educación y formación.
No obstante, más allá del resultado porcentual, el verdadero objetivo del SG-SST sigue siendo la mejora continua, la prevención de accidentes y enfermedades laborales y la consolidación de entornos de trabajo seguros y saludables.

Finalmente, los avances normativos colombianos en materia de Seguridad y Salud en el Trabajo han sido producto de grandes esfuerzos institucionales y buscan mejorar la calidad de vida de los trabajadores. Para que estos avances realmente impacten, es necesario que tú, como empleador o responsable del Sistema, asumas el SG-SST no solo como un requisito legal, sino como una herramienta estratégica para proteger a tus trabajadores y fortalecer tu organización.

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