¡Enhorabuena! Esta maravillosa expresión de nuestro lenguaje, muy común en España, parece ser la palabra que define el fin de la expectativa con el alumbramiento anunciado por la OMS para mayo de 2019, aunque solo entrará a operar efectivamente hasta el 1 de enero de 2022. Con un trabajo multidisciplinario de 10 años, juiciosamente coordinado y realizado por esta organización, por fin será presentada la nueva CIE-11, que promete incluir reformas estructurales, técnicas, organizativas y de nomenclatura, con 55 mil códigos únicos para lesiones, enfermedades y causas de muerte, que se espera agilicen la realización de estadísticas y la toma de decisiones en el ámbito de la administración en salud.
En la historia de la evolución de la seguridad social, de manera paralela al afán por lograr mejores condiciones sanitarias y garantizar cobertura a la población, los Estados han dedicado esfuerzos a generar una nomenclatura de las enfermedades que permita no solo su fácil identificación por los profesionales de la salud, sino también la generación de información confiable y estandarizada sobre los diferentes diagnósticos. Como bien lo define Alexander Gómez Rivadeneira en su artículo “Clasificación internacional de enfermedades, descifrando la CIE-10 y esperando la CIE-11” de 2015, Inglaterra y Francia fueron los primeros países en proponer metodologías de clasificación homologada de los diagnósticos y enfermedades. Sin embargo, solo fue hasta finales del siglo XIX cuando se instauró la primera clasificación internacional, inicialmente adoptada por estos dos países europeos, junto con México y Estados Unidos.
Actualmente, en 117 países se utiliza la Clasificación Internacional de Enfermedades décima revisión (CIE-10) para la clasificación de las enfermedades. Esto ha sido fundamental para la toma de decisiones en salud pública, el manejo de pacientes y la generación de estudios epidemiológicos a nivel mundial.
La manera como los médicos agrupamos y clasificamos las enfermedades cada vez tiene una mayor repercusión en el ámbito empresarial, no solo en su evidente utilización dentro del estudio de las enfermedades laborales. En el campo corporativo, la nueva clasificación deberá tener una relevancia de primer nivel en todos los países y, de manera primordial, en Colombia, donde la imprecisión en la clasificación de los diagnósticos —principalmente en procesos de incapacidades— ha generado bases de datos erróneas que trascienden a temas más complejos como:
• Indemnizaciones mal liquidadas
• Coberturas asistenciales mal enfocadas
Esto último está íntimamente relacionado con la gestión de las aseguradoras que operan tanto en el ámbito de la seguridad social como en los planes privados, recordando que sus desembolsos dependen de la claridad en los motivos de la cobertura y de una precisa codificación de los diagnósticos.
Lo anterior nos lleva a los procesos que asumen día a día los departamentos de talento humano en las empresas, los cuales están llenos de una maraña de estadísticas, en muchos casos con enfermedades repetidas por el simple hecho de que el médico que expidió la incapacidad del trabajador interpretó de manera diferente la actual CIE-10 y realizó una mínima variación que determinó un nuevo diagnóstico, estadísticamente hablando.
Esto, que de por sí conlleva interrupciones en el proceso de incapacidad —impidiendo acumular los días ininterrumpidos previstos en la ley— y mantiene a los trabajadores en algunos casos indefinidamente incapacitados fuera de sus lugares de trabajo, podría, en una visión optimista, tener una solución real con la mayor precisión de la nueva clasificación.
Novedades
Capítulos de mención aparte lo constituyen temas como:
• La inclusión de la medicina tradicional, erróneamente denominada medicina alternativa
• El ingreso de nuevas enfermedades derivadas de los videojuegos, clasificadas dentro de los trastornos adictivos
• La resistencia bacteriana generada por el uso indiscriminado de antibióticos en la población mundial
Esto evidencia la preocupación de la OMS por avanzar al ritmo del mundo del siglo XXI y, más que innovar, adaptarse a nuevas realidades como los efectos de la tecnología en la salud de las nuevas generaciones.
Sumado a lo anterior, la presentación en medio magnético facilitará:
• El acceso a la información
• La organización de los datos
• La operatividad de la información codificada
Esto es algo fundamental. La CIE-11 se encontrará disponible en 43 idiomas, lo cual significa la globalización real y la eliminación de barreras idiomáticas, favoreciendo el entendimiento y evitando potenciales errores por mala interpretación. Como era de esperarse, es una evolución positiva en la construcción de un lenguaje común en salud que facilite el acceso a la información y el control de las enfermedades con base en un codificado idioma universal. Esto, a su vez, dará a los países mejores herramientas de capacitación a sus redes de atención y a los profesionales de la salud.
¿Qué sigue?
Todo lo anterior apunta a la llegada de buenos vientos una vez sea presentada oficialmente y adoptada por los países, entre estos Colombia a partir del año 2022. En términos de forma, su aplicabilidad deberá ir acompañada de modificaciones normativas.
Por ejemplo, los procesos de recobro al FOSYGA están sustentados en normas y formatos como el instructivo para la liquidación de incapacidades, licencias de maternidad y paternidad del régimen de excepción, anexo de la Resolución 0156 de 2004. En esta resolución se establece:
“3.5. Código diagnóstico: escriba el código de diagnóstico que se encuentra en la incapacidad (Resolución No. 1895 de 2001 de clasificación estadística internacional de enfermedades y problemas relacionados con la salud CIE-10).”
Igualmente, otras normas como:
• Resolución 3374 de 2000
• Resolución 1895 de 2001
determinan la obligatoriedad de codificar todos los diagnósticos con base en la CIE-10.
Por otra parte, uno de los principales pilares en el cual se sostiene el equilibrio y suficiencia del Sistema de Salud de cualquier país lo constituye el flujo efectivo de los recursos económicos.
Bajo esta realidad, los procesos de cobros y recobros de prestaciones económicas y asistenciales deben estar debidamente sustentados y no dejar grietas que puedan generar demoras y glosas por iniciativas interpretativas de los funcionarios de turno, tanto en las EPS, IPS, AFP, ARL y demás aseguradores que realicen procesos de esta índole, como a nivel empresarial.
La CIE 11, al tener un lenguaje universal totalmente codificado, desde una influenza hasta una enfermedad por adicción a la tecnología, deberá generar una mayor facilidad para los flujos de información, construcción de soportes contables y reportes de toda índole con precisión y confianza.
Por ejemplo, en el campo de la seguridad y salud en el trabajo para el sector salud, la mayor capacidad de identificación de los datos relativos a los procesos de bioseguridad en la atención sanitaria podría mejorar la identificación y el control de accidentes laborales en las instituciones de atención.
Por todo lo anterior, no están sobreestimadas las palabras del director general de la OMS, Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, al referirse a esta nueva clasificación:
“La CIE es un producto del que la OMS está verdaderamente orgullosa. Nos permite entender en gran medida lo que hace que las personas enfermen y mueran, así como tomar medidas para prevenir el sufrimiento y salvar vidas.”