En la bella ciudad de Ibagué (Tolima) finalizó una interesante ponencia sobre seguridad vial, y un joven se me acerca un poco inquieto: “Andrés, ¿por qué no hablaste de la responsabilidad que tiene el gobierno con el mal estado de las vías?”. Dijo algo más: “solo te enfocaste en hablar de la responsabilidad que tenemos nosotros los ciudadanos como actores viales”.
Me quedé pensando en qué responder, pero finalmente le dije: “Enseño de lo que tengo alcance de impactar; sin embargo, hablar del buen o mal estado de las vías no es una responsabilidad que me corresponda enseñar”. Siendo sincero, sonó como decimos en algunas regiones del país: “Le saqué el cuerpo a la pregunta”.
Sin embargo, y de acuerdo con el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses¹, entre el 85 % y el 95 % de los accidentes de tránsito tienen origen en el comportamiento humano, y en cierta medida ese porcentaje tiene sentido. ¿Quién toma la decisión de conducir mientras hace uso del teléfono celular?, ¿quién toma la decisión de superar los límites de velocidad permitidos?, ¿quién decide conducir un vehículo en estado de embriaguez?, ¿de quién es la responsabilidad de detenerse ante una luz roja, una señal de pare o una cebra peatonal?
Creo que las preguntas se podrían seguir formulando y la respuesta sería tal vez la misma. Es por ello que hoy en día la seguridad vial se debe formar en la población colombiana desde su ser, su comportamiento, sus acciones como persona y la ética al usar la vía.
La Constitución Política Colombiana, en su artículo 24, afirma algo que es claro: “La libre movilidad”, la libertad que tenemos todos de movilizarnos; sin embargo, esa movilidad debe ser controlada, de lo contrario sería un libertinaje total en nuestro país. Dicha movilidad la regula el Código Nacional de Tránsito, el cual es un deber constitucional obedecer.
Veamos algunas cifras cuyo resultado tal vez sería el no obedecer ese manual de conducta en movilidad. De acuerdo con el Observatorio Nacional de Seguridad Vial², en el comparativo de los años 2021–2022 (corte 31 de octubre de 2022) se registraron las siguientes cifras de fallecidos y lesionados en ambos periodos: año 2021 (5.768 víctimas) en comparación con el año 2022, que a la fecha de corte registra (6.577 víctimas). Esto representa un aumento del 14,03 % entre el año en curso y su antecesor. La participación por actor vial en ambos años es alarmante según su tipo de víctima: 59,5 % (usuarios de motocicleta), 21,1 % (peatones) y un 7,8 % (usuarios de vehículos de cuatro ruedas en adelante).
La pregunta vital es: ¿cuántos de estos accidentes pudieron ser prevenibles y estaban ligados a nuestro comportamiento? Debemos ponernos de acuerdo en el buen comportamiento que nos corresponde adoptar como usuarios de la vía. En esto creo que muchos tenemos el alcance de impactar. Las cifras de víctimas fatales y lesionados disminuyen si todos aportamos lo que nos corresponde hacer. Y es ahí donde el comportamiento, es decir, la forma íntegra en la que nos movilizamos no solo es vital, sino esencial para la conservación de la vida, la familia, la empresa y la sociedad en general.
Estamos a tiempo de mejorar, y las buenas prácticas en seguridad vial tienen una base fundamental: nuestro comportamiento.