Desde diciembre no solo se escucharon campanas anunciando que un año viejo se iba, sino anunciando una pandemia originada por un coronavirus, causante del síndrome respiratorio agudo severo (SRAS-CoV-2), hoy comúnmente llamado el virus de la COVID-19 (Organización Mundial de la Salud). https://www.who.int/es/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/technical-guidance/naming-the-coronavirus-disease-(covid-2019)-and-the-virus-that-causes-it
¿Estábamos preparados para lo que se vino? La respuesta es no.
Muchos empresarios, trabajadores y estudiantes salieron de sus empresas, oficinas, colegios y universidades el 25 de marzo de 2020, pensando que todo se resolvería en esos 15 días de aislamiento preventivo decretados con la Resolución 385 del 12 de marzo de 2020, y, hoy en día, han sido los 15 días más largos de la historia, ya que el mundo no volvió a ser el mismo.
Colombia, en una histórica carrera de emisión de normas en el marco del Estado de Emergencia Sanitaria, ha emitido más de 150 normas entre decretos, resoluciones y circulares, con el fin de tomar medidas preventivas para la preservación del orden social y público.
Para los empresarios (empleadores), el camino sombrío que manejaban en aspectos de Seguridad y Salud en el Trabajo se aclaró espontáneamente y todos aquellos grandes guerreros de la implementación y responsables de los sistemas de gestión en Seguridad y Salud en el Trabajo y gestión ambiental empezaron a relucir con su experticia y a tomar el control, todo porque no se tenía clara conciencia de la importancia de este pilar en las compañías.
En el camino paralelo a la higiene industrial y ambiental, empiezan a tomar gran importancia los procesos de talento humano con las peligrosas y anticipadas decisiones que, en su afán, las empresas eligieron para el sostenimiento de nóminas y gastos de una empresa con operación, para unos sectores disminuidos y para otros suspendidos. Iniciando con un juego de interpretaciones legales, haciendo terminaciones contractuales no ajustadas a la ley, enviando trabajo en casa a sus trabajadores sin la debida estructuración desde un punto de vista laboral y, sin duda, tampoco desde la intervención de Seguridad y Salud en el Trabajo, sin olvidar que el empleador hoy está asumiendo una carga prestacional y de salarios por el tiempo cesante del trabajador desde que presenta la sintomatología, la EPS realiza la prueba (cosa que sabemos que hoy se están tomando su tiempo para la realización de las pruebas), esta emite la incapacidad y, como empresas, peleando que se tome la retroactividad de la misma, hasta la total recuperación del trabajador. Es cierto, la EPS paga la incapacidad en su proporción del 66,66 %, pero al trabajador se le tiene que pagar su sueldo, haya o no pagado la EPS a la empresa.
Para los trabajadores, el escenario no fue más que una suma de emociones que los llevó desde un temor por enfrentar lo nuevo, un nuevo puesto de trabajo, un nuevo virus, un nuevo rol, hasta la incertidumbre por una reducción salarial o terminación de su contrato laboral, sumando a esto el rol de trabajador en casa, madre o padre de familia, tutor, cocinero(a) y todos los oficios que demanda un hogar.
Desde la expedición de la Resolución 666 del 4 de abril de 2020, con la cual se adopta el Protocolo de Bioseguridad para todas las actividades económicas, sociales y sectores de la administración pública, en el cual se le confieren responsabilidades a los empleadores y trabajadores —tanto públicos como privados—, aprendices, cooperados, etc., trayendo una carga muy pesada sobre los actores, que se suman a esa lista de costos, implementaciones de protocolos, supervisiones y cumplimientos a una operación fracturada y una población que, en su gran mayoría, hasta ahora estaba tomando conciencia de un autocuidado.
Empresarios, trabajadores, cooperados, estudiantes y una comunidad en general están aplicando hoy procedimientos y protocolos que, dentro de un Sistema de Gestión en Seguridad y Salud en el Trabajo, son el día a día para el correcto y seguro desarrollo de las actividades contratadas.
El COVID-19 no solo hizo que nos reinventáramos, hizo que retomáramos aquello que por muchos años se venía manejando dentro de la higiene industrial. Desafortunadamente, hoy ya no podemos solo coaccionar a nuestros trabajadores o empresarios con medios intimidatorios como son llamados de atención, procesos disciplinarios, o a las empresas con sanciones y procesos civiles y penales que conllevan el incumplimiento. Hoy la coacción es implícita a la palabra contagio.
Solo nos resta ser diligentes, obedientes y no tomar esto a la ligera. Está pasando, podemos contenerlo, podemos evitarlo, el contagio se puede evitar, está en nuestras manos. Implementemos y activemos los protocolos de bioseguridad.