Si bien esta herramienta permite mejorar el desempeño o comportamiento seguro de los trabajadores, a partir de la evaluación de los riesgos y su intervención en función de aquellos que estén fallando, es de vital importancia contar con el compromiso e involucramiento de la línea de mando y la línea de supervisión para su implementación, mantenimiento y fortalecimiento, definiendo así una estructura clara de funciones y responsabilidades que permitan seguimiento a los indicadores y que, a su vez, desarrollen planes de acción efectivos, garantizando su evolución.
¿Pero cómo puede la seguridad basada en comportamiento contribuir en la reducción de la accidentalidad?
A continuación, les presento en resumen los aspectos más importantes a tener en cuenta y los resultados de mi propia experiencia en la implementación de esta estrategia en una de las empresas del sector siderúrgico más importantes de este país:
Para iniciar este proceso, la organización debe evaluarse para determinar si las condiciones bajo las cuales está operando son adecuadas y así definir el punto de partida de la implementación del programa de observaciones comportamentales, de acuerdo con el grado de madurez, características tecnológicas, organización del trabajo, entre otras variables. Esta evaluación permitirá medir el nivel de la cultura de la seguridad de cada líder de área o proceso y de la organización.
El modelar el comportamiento de líderes y trabajadores de manera tal que se fortalezcan marca un diferenciador al momento de tomar decisiones en el desarrollo de sus actividades, permitiendo así generar un control activo, identificando los riesgos de su entorno, evaluando y aplicando los respectivos controles a fin de evitar la potencialización de un accidente de trabajo o el desarrollo a futuro de una enfermedad de origen laboral.
Para ello es necesario dotarles de herramientas que les faciliten el reporte de condiciones/actos inseguros, incidentes/accidentes, al igual que aspectos/impactos ambientales, llevando toda esta información a programas de intervención donde se realice seguimiento al cumplimiento de las acciones definidas y permita retroalimentar al grupo respecto al avance o cierre de las mismas y, de esta forma, motivarlos en la aplicación de cada una de las herramientas que defina la organización.
De nada sirve contar con formatos que simplemente queden en el papel. Es necesario llevar un sistema de control dinámico que permita visualizar y analizar aquellos factores que pueden estar incidiendo en la tasa de accidentalidad.
Al preparar a los líderes como observadores de comportamientos, se incrementa el nivel de percepción de riesgos, les permite enfocar sus acciones y garantizar la integridad de las personas a cargo, complementando con la aplicación de abordajes comportamentales que permiten al líder entender al trabajador, observar sus conductas, identificar factores influenciadores en su entorno, comprender creencias y valores y, de esta forma, entender cómo y por qué de los comportamientos inseguros, al aplicar esta metodología y analizarla en tres pilares fundamentales: personas, proceso e infraestructura.
Al cabo de tres años de arduo trabajo, se evidenció cómo los mismos trabajadores y jefes de área eran conscientes de la necesidad de estar capacitados, certificados o autorizados para ejecutar actividades críticas; crearon lazos de compañerismo, receptividad de los abordajes y, lo más importante y clave de éxito en este cambio, disciplina frente a la necesidad de gestionar los riesgos, evaluar los procedimientos, crearlos según la necesidad, verificar planes de mantenimiento, medios de protección y cómo la organización integra los terceros que actúan en su operación.
Por último, la infraestructura, si bien es importante, no es limitante al momento de ejecutar trabajos. A pesar de las restricciones tecnológicas, se logra un incremento representativo de reportes de seguridad aplicados a condiciones, permitiendo crear estrategias enfocadas a la eliminación, sustitución o mitigación de los riesgos generados por este pilar, mejorando las condiciones de trabajo, garantizando siempre y, sobre todo, la integridad de los trabajadores; adicional, y como un factor contribuyente, se logra que el equipo de seguridad industrial sea visto y consultado ante cualquier duda por los diferentes niveles de la organización.
El avance ha sido tan importante que, durante el último año y de acuerdo con manifestaciones de empresas donde también se ha implementado el programa y se desea continuar mejorando indicadores, se ve la necesidad de buscar nuevas alternativas; para ello se propone utilizar la neurociencia como herramienta para incrementar los conocimientos y mejorar la comprensión de los factores de riesgo, tomando decisiones en consecuencia.
De esta manera, la seguridad basada en el comportamiento y, en específico, los programas de observación comportamental han contribuido en la gestión de los prevencionistas en la disminución de la incidencia, frecuencia y severidad de los accidentes e incidentes, a la disminución de los costos asociados que los mismos representan y, de manera particular, reporta importantes beneficios como la conciencia que toman los empleados frente a la seguridad, el cambio cultural, la comunicación entre los diferentes niveles, la participación, calidad y productividad de las organizaciones.
Martínez Oropesa, C. (2014). El proceso de gestión de la seguridad basada en los comportamientos: actuación de los supervisores en empresas de manufactura. Universidad de León.
Meliá, J. L. (2007). El factor humano en la seguridad laboral: Psicología de la seguridad y salud laboral. Lettera Publicaciones.
Mínguez. (2018). Dupont analiza cómo mejorar los procesos de seguridad en el trabajo. http://www.interempresas.net/Proteccion-laboral/Articulos/216200-DuPont-analiza-como-mejorar-los-procesos-de-seguridad-en-el-trabajo.html