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Dolor crónico y su relación con los trastornos del espectro afectivo

En Colombia no existe una estadística global de la presencia del dolor como entidad nosológica en relación con el diagnóstico de la enfermedad generadora o de base, y no está establecido su impacto en la funcionalidad y calidad de vida de la persona ni su incidencia a nivel laboral, con la respectiva carga económica en el sistema general de salud.

Las patologías de etiología musculoligamentaria (tendinitis, entesitis, síndrome miofascial, fibromialgia), osteoarticulares (esguinces, fracturas, imbalances, alteraciones de alineación, artrosis, artritis) y neurológicas (atrapamientos, neuralgias o neuritis, lesiones de nervios periféricos, raíces, plexos o de la médula espinal) son las principales causas generadoras de dolor crónico en los enfermos que presentan accidentes de trabajo o enfermedad profesional.

El objetivo general del tratamiento debe estar dirigido al manejo integral de la patología de base y, en forma concomitante, se debe ofrecer un manejo de soporte para los problemas clínicos, emocionales y laborales relacionados con la enfermedad. El éxito de la rehabilitación del enfermo radica en la articulación de todos estos elementos con el objetivo de impactar positivamente en su funcionalidad y en su bienestar global, incluyendo la esfera laboral.

Factores de la personalidad y del comportamiento previo al desarrollo de un síndrome doloroso son aspectos importantes a determinar y deberían ser considerados condiciones premórbidas de origen general de mal pronóstico en una persona que genere un síndrome doloroso crónico. En el mismo sentido, los trastornos emocionales de base más relacionados con un cuadro doloroso son los de ansiedad y depresión, que incluso pueden coexistir en un mismo enfermo hasta en un 50%. En pacientes con depresión, la prevalencia de dolor crónico está reportada entre un 30% y un 60%.

En ausencia de factores previos o comorbilidades emocionales, el desarrollo de trastornos de este tipo en forma concomitante al cuadro doloroso crónico debe ser detectado de forma precoz para evitar que se convierta en un factor de mal pronóstico, y es radicalmente un elemento negativo en la respuesta a los tratamientos médicos farmacológicos (especialmente uso de fármacos opioides, invasivos, programa de rehabilitación, reincorporación y continuidad laboral).

Si el cuadro depresivo se establece, sus síntomas son de mayor severidad, como: estado de ánimo triste, pérdida del interés, agitación o inhibición psicomotora, aumento de peso, insomnio, fatiga y problemas de concentración, reportándose en los pacientes con dolor crónico una respuesta clínica menor a la reportada en forma global, la cual no supera el 9% de resolución.

Sin embargo, se debe tener en cuenta que los pacientes que no cumplan los criterios de diagnóstico de trastorno depresivo y presenten alteraciones emocionales deben considerarse cuadros somatomórficos, como trastornos de ansiedad, somatización, trastornos dismórficos corporales e incluso trastornos facticios (DSM-5).

La recomendación general en el manejo integral del enfermo con dolor crónico secundario a patologías laborales es realizar una aproximación multidisciplinaria temprana y, de forma precoz, detectar condiciones emocionales premórbidas para derivar su manejo a la institución prestadora de salud del paciente o, si son secundarias al cuadro de dolor, iniciar un tratamiento por salud mental que no impacte negativamente en el pronóstico clínico sintomático, funcional y laboral del enfermo.

Tabla 2. Ejemplo de agentes causales según localización anatómica (10)

Bibliografía

• American Psychiatric Association. DSM-5: Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders.

• Thase, M. E. Managing medical comorbidities in patients with depression to improve prognosis. J Clin Psychiatry, 2016; Suppl. 1: 22-27.

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