Hoy en día está visto que las grandes compañías las lideran mujeres. Está comprobado que podemos realizar labores tanto domésticas como empresariales; estamos diseñadas para resolver conflictos, crear metas, liderar equipos, realizar y cumplir indicadores sin dejar a un lado nuestra posición amorosa y materna.
Somos respetadas y podemos tener equidad salarial, también más oportunidades de empleo y enfrentar situaciones en diferentes escenarios.
Si bien existen diferencias entre hombres y mujeres, las empresas están apostando por las buenas prácticas laborales, con los derechos y deberes que todo ser humano merece y para los cuales sea apto.
Las mujeres hemos demostrado que ya no somos el sexo débil. Podemos ocuparnos de nuestras labores profesionales y personales; ya es un tema de cultura y equidad hacer que las cosas salgan bien sin tener que discriminar a nadie. Podemos educar y participar en diferentes órganos de autoridad.
La equidad de género no solo se ve laboralmente. A las mujeres siempre nos han catalogado por ser sentimentales, rendirnos ante las situaciones y ante la primera caída que tengamos. Pero, en nuestra sociedad, ya vamos descubriendo el lado débil de los hombres; les duele cuando matan o lastiman a una mujer. Ahora, la igualdad también está en luchar en conjunto, hombres y mujeres, en contra de lo injusto y lo malo.
También se puede apreciar cómo los hombres ayudan a las mujeres a realizar las labores domésticas y son más conscientes de la carga que manejamos; cocinan, limpian, cuidan a sus hijos o salen con la mascota a pasear.
Existen muchas luchas de mujeres que defienden a diario nuestros derechos y deberes, la igualdad de oportunidades, el demostrarnos a nosotras mismas de qué estamos hechas, y aunque existan temores y problemáticas sociales, siempre demostramos que podemos sacar adelante cada sueño y propósito que tengamos.
La equidad de género también tiene que ver con el respeto que nos tengamos; debemos valorarnos como somos, querernos como somos y aceptarnos como somos. De esta manera transmitiremos ese mismo respeto a los demás.
Existe también en la educación que recibamos y la educación que le demos a nuestros hijos el proyectarlos a ellos como buenas personas, con las mejores prácticas, los buenos modales y, ante todo, el respeto a los demás. Esto ayuda a la sociedad a comprender un mundo mejor, a respetar las condiciones y a valorar el trabajo propio.