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Las neurociencias cognitivas y el nuevo paradigma de la Seguridad y Salud en el Trabajo

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La accidentalidad en las organizaciones es una problemática mundial. Según las estadísticas, cada 15 segundos muere un trabajador por riesgos inherentes a su trabajo y 153 tienen accidentes de trabajo; lo anterior ocasiona entre 2,3 y 2,7 millones de muertes al año. En Colombia, las tasas de accidentalidad en los últimos 20 años muestran que la disminución comparativa es muy poca con relación a las inversiones cuantiosas de las administradoras de riesgos profesionales (ARL) en los programas de promoción y prevención en riesgos.

Lo anterior nos llevó en el 2010 a buscar nuevos modelos o paradigmas para impactar los accidentes y enfermedades laborales, y, con nuestras investigaciones de intervención en campo y las evaluaciones médicas laborales que realizamos en forma diaria, entramos en el fascinante mundo de las neurociencias aplicadas a la Seguridad y Salud en el Trabajo, como un nuevo aporte en el control de riesgos en la organización.

En este nuevo paradigma podemos ofrecer una nueva barrera de la neurocultura con el cerebro en mente; es decir, solo podemos transformar cultura de seguridad si conocemos cómo funciona el cerebro y cómo los procesos neurocognitivos de las funciones cerebrales ejecutivas son el eslabón perdido que nos ofrecen las neurociencias.

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La definición de cultura, según el Comité de Asuntos Nucleares (1993), dice: «Es el resultado de los valores, de las actitudes, competencias, percepciones y forma de comportamiento de personas o grupos de personas que determinan el compromiso y el estilo del Sistema de Seguridad y Salud en el Trabajo»; es decir, incluye toda una definición de neurociencia cognitiva, como son los pensamientos, creencias, emociones, percepción y aprendizaje con conductas, definidos en este nuevo paradigma.

Hoy en día, los últimos avances tecnológicos del estudio del cerebro humano en Estados Unidos y Europa nos permiten conocer la función del cerebro online con tecnología. Vemos cómo la resonancia magnética funcional, el mapeo cerebral (registro eléctrico de ondas cerebrales) y los diferentes softwares de carga cognitiva permiten observar el rendimiento cognitivo y definir diferentes patrones neurocognitivos útiles, de acuerdo con el oficio desempeñado, y permiten disminuir los errores o desviaciones de estándares en las tareas de alto y mediano riesgo.

En este nuevo paradigma en las neurociencias debemos comentar cuatro (4) sistemas importantes que representan una alta causalidad como causa básica; estos sistemas son: sistema de recompensa, sistema atencional, sistema de memoria y funciones ejecutivas superiores a través de toma de decisiones y control inhibitorio.

Sistema de recompensa

Los estímulos que ingresan por los órganos de los sentidos (visual, auditivo, entre otros) se registran a través de impulsos en el sistema límbico o emocional, creando un sentimiento de deseo originado por este impulso, que induce a la acción (mover el cuerpo hacia…). Al llegar este estímulo a la corteza, esta emoción se convierte en sentimiento (emoción consciente) y la acción resultante envía mensajes al sistema límbico y, al liberar neurotransmisores como la dopamina, crea una recompensa o placer y sensación de satisfacción. Lo anterior explica que la toma de decisiones, consciente o inconsciente, en las tareas de alto y mediano riesgo, tiene un componente de placer y de activación neuronal (arousal).

Sistemas atencionales

Estos sistemas tienen una función cognitiva que nos permite la adecuada selección y procesamiento de información relevante en un entorno multiestimular, lo que nos permite enfocarnos en esos estímulos externos e internos que para nuestros objetivos son relevantes, y en ellos se incluyen nuestras emociones, memorias, pensamientos y actos motores. La atención es fundamental para los procesos de aprendizaje y se divide en atención focalizada, sostenida, selectiva, dividida y alterna (branching).

Sistema de memoria

En nuestro cerebro existen sistemas de memoria que determinan nuestro comportamiento sin tener en cuenta la conciencia. Actuamos y tomamos decisiones de forma inconsciente la gran mayoría de las veces. Existen varios tipos de memoria, pero a nivel de accidentalidad las más importantes son: 1) memoria de corto plazo o de trabajo, que es la memoria reciente de los primeros minutos cuando generamos una tarea consciente, y esta memoria es la que nos falla muchas veces en los trabajadores accidentados, ya que se les olvida el paso a paso de la tarea, generando errores por omisión; 2) memoria a largo plazo, que se puede dividir en memoria declarativa o consciente y memoria no declarativa, implícita o inconsciente.

Toma de decisiones

La toma de decisiones humanas resultaría de la evaluación de costo y beneficio. Las neurociencias están demostrando que decidimos muchas veces, casi el 95 %, en forma no consciente, basados en experiencias y emociones previas y en un contexto que cambia permanentemente. La toma de decisión consciente ocurre solo entre un 5 % al 10 %, y esta se realiza en tres fases: la fase #1 entra el estímulo y llega a la corteza y, a través de la ínsula (5.° lóbulo) y el cingulado anterior, se convierte este estímulo en sentimiento; pasamos a la fase #2, donde la corteza prefrontal te ofrece tres o más opciones para que tomes una sola decisión, pero lo anterior tiene un componente de marcador somático y de emoción, con su valencia y arousal, y es el núcleo dorsolateral de esta corteza prefrontal quien toma la decisión y elección definitiva, obteniendo una fase #3 de evaluación de esa decisión, generando un aprendizaje y guardando la información en los sistemas de memoria.

En conclusión, podemos decir que la decisión consciente se toma con emociones, con decisiones que tengan valencia positiva y agradable con arousal activado; es decir, “somos seres emocionales que racionalizamos”, como lo establece el famoso neurólogo Antonio Damasio.

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