¿Sabías que en Colombia más de 292 mil trabajadores vinculados a instituciones de educación superior enfrentan riesgos laborales que, en muchos casos, permanecen invisibles? Reconocer esta realidad permite anticipar, organizar y transformar la manera en que se gestiona la Seguridad y Salud en el Trabajo (SST) en el sector universitario.
La globalización y la acelerada transformación tecnológica han redefinido el panorama laboral y educativo a nivel mundial. En este contexto, las universidades enfrentan el desafío de garantizar entornos de trabajo y de aprendizaje seguros. En Colombia, los procesos de modernización institucional, flexibilización laboral y reconversión productiva han evidenciado la emergencia de nuevos patrones epidemiológicos de enfermedad y un incremento en la materialización de la accidentalidad. Este escenario obliga a que las universidades asuman un papel estratégico en la promoción y prevención, articulando sus proyectos educativos institucionales con sistemas de gestión en Seguridad y Salud en el Trabajo, para responder no solo a la normativa, sino a las exigencias globales de sostenibilidad, innovación y cuidado de las personas.
El análisis de más de 1.600 instituciones educativas en los 32 departamentos y 199 municipios del país, sumado a una década de datos del sector educación, permite identificar brechas críticas, orientar decisiones ejecutivas y proponer soluciones innovadoras. Las recomendaciones de la UNESCO, la OIT y la Asociación Colombiana de Universidades – ASCUN complementan esta mirada, subrayando la urgencia de fortalecer la cultura preventiva en la educación superior. Sin duda alguna, las universidades son más que escenarios de enseñanza; son laboratorios sociales y organizacionales donde la Seguridad y Salud en el Trabajo debe integrarse como una estrategia que impacte a trabajadores, estudiantes y sociedad. En este camino, POSITIVA Compañía de Seguros S.A. ratifica su compromiso con el país y con el sector educativo, avanzando en el conocimiento profundo de sus realidades, en la evolución de sus prácticas preventivas y en la construcción de soluciones innovadoras.
Aunque las instituciones universitarias promueven el conocimiento, para nadie es un secreto que su comunidad conformada por docentes, administrativos y estudiantes está expuesta a una serie de riesgos laborales críticos. Entre ellos se destacan: los trastornos musculoesqueléticos, derivados de sobreesfuerzo físico, posturas forzadas o mantenidas, movimientos repetitivos, factores ambientales y de la organización del trabajo; trastornos de la voz en docentes, con prevalencias estimadas entre el 38% al 41%, favorecidos por aulas con mala acústica, sobrecarga laboral y ambientes secos; riesgos psicosociales emergentes, con estrés, burnout y condiciones psicológicas deterioradas que reportan alzas del 26% al 39% en el personal académico en solo cuatro años; peligros locativos y de laboratorio, como exposición a productos químicos y biológicos, incendios o explosiones, agravados por instalaciones obsoletas y falta de permisos de trabajo estructurados. Este diagnóstico compele a diseñar intervenciones integradas, desde la infraestructura hasta la gestión preventiva, para transformar los campus en entornos verdaderamente seguros y saludables para todos.
En este contexto, se hace imprescindible implementar soluciones institucionales que permitan anticipar los riesgos y responder con visión preventiva. A continuación, se presentan las mejores prácticas adoptadas en diversas universidades, las cuales han demostrado ser efectivas para mitigar exposiciones, controlar los riesgos y garantizar una mejor calidad de vida laboral.
• Elevar la prevención a nivel de rectoría: esto implica integrar la gestión en Seguridad y Salud en el Trabajo dentro del Proyecto Educativo Institucional (PEI) como eje misional. Para lograrlo, se requiere: vincular indicadores de bienestar en los planes estratégicos, asignar responsabilidades directas a rectoría y vicerrectorías, articular el SG-SST con políticas de calidad y acreditación, y garantizar que la formación en prevención y cultura del cuidado sea parte del currículo y de los procesos de investigación y extensión universitaria.
• Administrar riesgos con visión de futuro: se requiere transformar los datos en decisiones estratégicas. Para lograrlo, es clave consolidar históricos de accidentalidad y enfermedad laboral en tableros de control accesibles a la alta dirección; aplicar modelos de análisis predictivo para anticipar escenarios; asignar recursos según tendencias y riesgos prioritarios; y alinear la inversión preventiva con los objetivos académicos y financieros de la universidad. De esta forma, la gestión de SST deja de ser reactiva y se convierte en una herramienta de planeación estratégica.
• Gerenciar desde la evidencia: significa que las decisiones académicas y financieras se soporten en indicadores claros de gestión preventiva. Para lograrlo, es fundamental: integrar métricas de accidentalidad, enfermedad laboral y clima organizacional en los informes a Consejos Superiores y Directivos; vincular estos indicadores a la planeación estratégica y presupuestal; y establecer tableros de control que permitan evaluar, en tiempo real, cómo las acciones preventivas impactan la sostenibilidad académica y el bienestar de la comunidad universitaria. De esta manera, el bienestar deja de ser un tema operativo y se convierte en un criterio rector de la gobernanza universitaria.
• Articular PEI y SG-SST: la verdadera innovación en prevención universitaria se logra al integrar el Proyecto Educativo Institucional (PEI) con el Sistema de Gestión en SST. Esto significa incluir contenidos técnicos para la promoción de la salud, la prevención de accidentalidad y enfermedad laboral en los currículos, en los procesos de inducción y reinducción, así como en proyectos de investigación y extensión. De esta manera, la prevención no se limita a la normatividad, sino que se convierte en un eje formativo y estratégico que impacta a toda la comunidad académica.
• Transformar cultura organizacional: transformar la cultura exige pasar de la información a la acción. Para lograrlo, se deben diseñar programas formativos que no solo transmitan contenidos, sino que generen experiencias de aprendizaje que impacten el comportamiento: campañas de prevención con medición de resultados, simulaciones inmersivas de riesgos, talleres participativos y reconocimientos a equipos que demuestren prácticas seguras. Así, la prevención se convierte en parte del ADN institucional.
• Gestionar conocimiento: implica sistematizar la experiencia para innovar. Esto requiere crear bancos de lecciones aprendidas, repositorios digitales y observatorios sectoriales que recopilen datos de accidentalidad, buenas prácticas y tendencias internacionales. Integrar estas plataformas a la investigación y la planeación académica permite tomar decisiones basadas en evidencia, fomentar la innovación preventiva y proyectar a la universidad como referente en gestión de riesgos.
• Mentoría y liderazgo: fortalecer la mentoría y el liderazgo es clave para asegurar que la prevención sea transversal. Para ello, se deben implementar programas de acompañamiento dirigidos a decanos, directores de programa y jefes de área, donde se entrenen competencias de liderazgo preventivo, gestión de equipos y toma de decisiones con visión de cuidado. La mentoría personalizada y el desarrollo de líderes inspiradores garantizan que el discurso preventivo se traduzca en acciones cotidianas dentro de cada facultad y dependencia.
• Aplicar modelos de gestión: en el ámbito universitario, gestionar la seguridad y salud significa garantizar un ciclo continuo de adquisición, transferencia, renovación y uso. Para ello, las instituciones deben crear mecanismos que conviertan procesos en un motor de mejora, así la universidad podrá asegurar que cada acción preventiva alimente la investigación, la docencia y la proyección social.
• Convertir prevención en innovación: usar TIC, simuladores, metaverso y entornos inmersivos para entrenar a estudiantes y trabajadores en riesgos de manera experiencial.
• Competencias clave: fortalecer competencias conceptuales, procedimentales, actitudinales y del convivir, alineadas con el modelo de Seguridad Basada en el Aprendizaje.
• Internacionalizar experiencias: la educación preventiva universitaria debe trascender fronteras. Alinear proyectos con ASCUN, UNESCO y OIT permite proyectar a las universidades colombianas como referentes regionales en seguridad y salud, consolidar redes de cooperación y acceder a tendencias globales en gestión de riesgos. Este intercambio internacional no solo enriquece la investigación y la docencia, sino que posiciona a las instituciones en la vanguardia de la educación aplicada a la prevención.
Liderar desde la educación
La Educación Superior en Colombia tiene la oportunidad de ser referente de gobernanza preventiva. No se trata solo de mitigar accidentes, sino de usar la educación como estrategia de gestión, innovación y liderazgo.